EL CUERPO CUESTIONADO

Por Adriana Raggi y Bruno Bresani (Las disidentes – colectivo de reflexión y creación – México)

La pregunta, el cuestionamiento, la interrogante que Cris Bierrenbach (São Paulo, 1964) nos pone sobre la mesa, que nos embarra en nuestra mirada y en el pensamiento es el cómo habito mi cuerpo, mi epidermis, mi sexo, mis emociones y restricciones, lo cual nos orilla y nos lleva, sin control, a un cuestionamiento más duro e imprescindible: ¿cómo habito, cómo vivencio, cómo experimento mi género o lo que se supone que es mi género, mi ser, mi sensualidad y sexualidad, como consecuencia de mi actuar cada día, cada segundo y en cada momento de mi estar, de mi ser ante mi cuerpo y ante los cuerpos que me rodean?

En el video Identidade (Identidad) realizado por Cris Bierrenbach la autora va destruyendo su identidad, va cortando y eliminando las marcas de su género, sus cabellos, su mirada, sus pliegues, todas las formas que la identifican, todas las formas que nos identifican, que nos estandarizan, al quedar absolutamente neutra-limpia de una carga de género, se transforma en un individuo anónimo, en un ser queer, en ese momento regresa, empieza su búsqueda, se reconstruye, se reconstituye, rearma su cuerpo o el ideal del cuerpo deseado en un afán analítico de su posición, de su postura ante su género impuesto, ante la imposición que se genera ante todos los géneros, transformando todas las opciones creando nuevas respuestas, inventando nuevos ellos, nuevas formas de ser ante su propio ser. Todo ello frente a nuestro mirar aturdido, confundido, perdido, provocándonos cuestionamientos, descolocándonos del eje, ello, esta acción provocadora, nos hace preguntarnos y cuestionarnos nuestra postura, nuestro posicionamiento ante nuestra lugar en el juego de los géneros ¿por qué nos sentimos agredidos, desbalanceados, desconcertados ante sus acciones, qué es lo que nos perturba y qué es lo que nos seduce de estos actos de desmaterialización de las posturas absolutistas del género?

¿Es que acaso deseamos no estar determinados? Y lo que sucede es que la artista Cris Bierrenbach nos coquetea, nos seduce con su cantar de sirena, nos lleva a las rocas de otras alternativas, sumándonos un camino más de tantos caminos sugerentes, para romper a los cuerpos inamovibles, que se posicionan socialmente como esculturas de mármol muertas y obsoletas.

¿Será acaso que queremos ser despedazados, que deseamos sentir esa desmaterialización de la estabilidad de un género dominante? Esta agresión sólo surge y sólo se proyecta cuando nos alojamos en la norma, en lo estandarizado, en lo inamovible; sólo se plantea desde la mirada, la única mirada, la sujeta, la mirada normalizada, la mirada que acepta los estándares sociales como verdades absolutas, como lo que es “natural” como lo que es comprobado “científicamente”, el no cuestionamiento, del porque “así es”, ¿qué sucede cuando una persona responde a un desafío, como el de  Cris, la cual se transmuta en la destrucción de su ser homogeneizado? ¿Dónde queda la frase homogeneizadora de lo que es lo “natural”, donde queda la división entre hombres y mujeres? ¿Dónde termina lo femenino y lo masculino cuando son naturalmente encarnados en los cuerpos de mujeres y de hombres estandarizados? Si alguien no acepta estos cuestionamientos nos encontramos y nos posicionamos ante alguien incapaz de preguntarse sobre el género y como consecuencia alguien que acepta vivir bajo una mirada colonizada.

Por lo anterior es que la investigadora y artista Beatriz Preciado (Burgos, 1970) nos plantea que para ver y realizar un análisis de los manejos de los cuerpos en la Historia y en particular en la Historia del arte es importante observar con un cuidado absoluto todas “las estrategias biopolíticas del control del cuerpo y de producción de placer a través de aparatos de intensificación de la mirada.”[1] Precisamente estas miradas e intensificaciones, son elementos que nos conducen y nos explican bajo diversas preguntas-provocaciones la obra de Bierrenbach, al confrontarnos con nuestros propios límites en la concepción de nuestro ser y nuestros cuerpos.

La acción performática y perturbadora de la artista al maquillarse y desmaquillarse, o al cortarse el cabello, se amplifica ante nuestra mirada asustada que ve, como en la serie fotográfica Intimidad, se introduce diversos objetos en los genitales, en la matriz, agrediendo ese “lugar de seguridad por excelencia”, el lugar de la reproducción, el que desde un punto de vista normalizado marca el género en la mujer. Todo esto, nos pone al borde de vernos y plantearnos diversos problemas, diversas inestabilidades.

¿Es que la estandarización de la mirada y los roles de género conllevan o traen implícita una violencia encubierta? O acaso la artista nos está indicando qué es la sociedad la que nos incrimina en la mesa, sin ocultar ninguna carta, que la imposición del género es una violencia impuesta, determinada e inamovible ante y dentro de nuestros cuerpos, de nuestra epidermis.

Cris Bierrenbach nos desvía la mirada, nos hace movernos para buscarla sin nunca poder encontrarla, nunca podremos saber si su mirada nos interpela o nos huye ¿o acaso nos esquiva para cuestionarnos en dónde estamos?, para preguntarnos ¿cuál es nuestra postura ante nuestro cuerpo y la epidermis que nos rodea? Nos embarra incesantemente la pregunta, nos orilla todo el tiempo a cuestionarnos ¿cuál es nuestro papel en el juego de géneros y cómo nos posicionamos gracias a nuestras acciones en la sociedad normalizada de los géneros apagados o encajonados?

El cómo habitamos los géneros, el cómo nos posicionamos en ellos genera una serie de jerarquías, de normalizaciones discriminatorias, de desigualdades sociales y culturales, anteponiéndonos los cuestionamientos de las miradas de los otros y de nuestras propias miradas, nos cuestionamos ante el espejo si somos o nos deseamos, si nos transformamos o nos destruimos ante el rol que nos fue y nos es impuesto y que nosotros elegimos jugar imponiéndonoslo y actuándolo constantemente.

La visualidad y la mirada homogeneizadora del género, del cuerpo es absolutamente agresiva, destructiva y castradora, por lo que múltiples artistas lo cuestionan por medio de su destrucción y reconstrucción, así como Bierrenbach nos lo plantea en sus acciones, otro camino sería ¿cómo transformamos el cuerpo en un producto? ¿Cómo logramos su absoluta transformación y reformulación en un elemento comercial y permutable?, esto lo realiza, lo concretiza la creadora Nicola Costantino (Rosario, 1964) al reformular su cuerpo en jabones, zapatos o bolsas, comerciales y vendibles en nuestro mundo neoliberal, este mundo el cual a través de una construcción visual y discursiva del vestido nos habla de las estructuras sociales y las implicaciones del vestir, del ser social.

Si vestimos el género de una forma figurativa, es decir lo actuamos porque finalmente es performativo, también lo vestimos literalmente, la moda tiene muchos significados en esta sociedad, nos habla de una necesidad primaria de cubrir nuestro cuerpo para protegerlo. Pero también nos habla de un estatus, el significado de la frase vestir bien es muy amplio. Tiene connotaciones clasistas y racistas, así como de género que son muy importantes en la forma en la que somos percibidos, y en la forma en la que somos tratados en este mundo dual, de caminos absolutorios.

Por esto el discurso de Costantino gira alrededor de la idea de qué cosas vestimos y cómo tratamos nuestro cuerpo. Pero también reflexiona acerca de cómo tratamos el cuerpo de los animales, de la maquinaria de producción social de la ropa, la comida y la moda. Un ejemplo claro es su serie, Peletería con piel humana, que llama a nuestra mirada porque nos encontramos con vestidos de piel humana plastificada, piel falsa que tiene el color de la piel “natural” y contiene en sus diferentes fragmentos pezones masculinos y anos estandarizados. Tal como lo realiza Jesús Monteagudo Guerra (Barcelona, 1983) en su obra Utopía.

Aquí caben dos preguntas, la primera sería, ¿por qué la piel humana?, la segunda ¿por qué pezones masculinos? Para responder a la primera pregunta basta con pensar en el planteamiento hecho anteriormente: ¿cuáles son las implicaciones del vestir? Si leemos estas obras de Costantino, son muchas, por una parte vestimos cuerpos animales y solemos no pensar en esto. Vestimos la piel de un ser y no reflexionamos acerca de ello, en el momento que la artista nos muestra esa moda como si fueran fragmentos de piel humana y que además son fragmentos reconocibles, son fragmentos masculinos lo que ella nos está mostrando es como nos vestimos de muerte y como nos vestimos de género, ¿qué significado tiene que un vestido “femenino” esté formado por tetillas masculinas?

Lo que la artista nos pone enfrente es una imagen abyecta porque nos pone el mundo de cabeza, el cuerpo masculino como un objeto, pero además como un objeto descuartizado que nos apunta hacia la violencia sistémica. Para continuar hablando de esa violencia, dirijamos nuestra mirada a la obra Savon de corps que se presentó en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA). La cual consiste en la creación de un jabón de baño hecho de un 3% de “esencia de Nicola”: la grasa de la artista que se le removió mediante una liposucción. Después de hacer el jabón en forma de cuerpo fragmentado de mujer: la espalda y los glúteos, se hizo una especie de lanzamiento comercial del producto, con video y fotografía, y por supuesto el “producto”.

La obra pone ante nuestra mirada un cuestionamiento de los roles de género a través de la imagen de la mujer idealizada, a la que solamente se puede llegar a través de la violencia de cortar, levantar la piel, destrozar el interior del cuerpo de una mujer común para convertirlo en el cuerpo de una mujer ideal. La indefensión que vive una mujer que se somete a una cirugía plástica es, desde el punto de vista de esta obra, una metáfora de la indefensión y sometimiento al cual el cuerpo femenino está sujeto en toda la Historia.

Un importante paralelo con la obra de Bierrenbach, además de la obra de Costantino, es la propuesta de la artista argentina Ana Álvarez-Errecalde (Bahía Blanca, 1973) que nos da una alternativa al vestir los cuerpos, nos proporciona una segunda piel normalizada, una segunda epidermis estandarizada, la cual elegimos portar o cambiar a nuestro tiempo y preferencia, es la absoluta conciencia del desecho, del consumo de los cuerpos sociales y personales, con su instalación Tallas nos hace pensar en la idea de ponerse la piel del otro y en este caso específico la piel de la otra.

En la instalación nos encontramos con una tienda ficticia en la que se venden pieles o cuerpos de mujeres que no entran dentro de esta concepto de mujer ideal y que el comprador-público se pondrá sobre su propia piel. Si pensamos que la obra nos cuestiona por un lado esta imposición social que es el vestido y con él las tallas a través de las cuales se puede manipular la idea de un cuerpo perfecto, también, esta obra, nos confronta con la idea de portar una piel, un cuerpo o un género. Si la obra de Costantino nos deja con la pregunta del ¿por qué de las tetillas masculinas? la obra de Álvarez-Errecalde nos confronta con la idea directa de portar sobre nuestro cuerpo un cuerpo de otra mujer, de otras mujeres.

Podemos no cuestionar estos juegos de preguntas en acciones reformuladoras, podemos ubicarnos en la mirada normalizadora del patriarcado y no cuestionar a la objetivación del cuerpo, al abuso de la comercialización de las epidermis, a las estandarizaciones del vestir, a las relaciones convencionales, podemos vivir en la ceguera de la comodidad, del aceptar las castraciones impuestas, vivir en lo que nos ahoga, en lo que nos vende, podemos vendernos y comprarnos para ser “diferentes normalizados”, “diferentes estandarizados”, es nuestra elección, el ser un cuerpo de consumo o romper la comodidad y ponernos en el desequilibrio del caer en el cuestionamiento, en el reformulamiento constante. Nosotras Las Disidentes preferimos lanzarnos al vacío de las interrogantes aún con la próxima coalición con las normas que nos son impuestas en nuestros cuerpos cuestionados.

¿Cómo explicar la piel del patriarcado? ¿Cómo explicar el usar e imponer la piel del patriarcado? Una forma de hacerlo es utilizar una analogía, como la que nos propone Luis Camnitzer (Lübeck, 1937):

Un caballero en un país desarrollado inventa las “papas fritas” [la comida chatarra]. En su propio contexto de vida, logró enriquecer cualitativamente la hora del cóctel y cuantitativamente, a sí mismo. Sin embargo, en el contexto colonial, introdujo un nuevo hábito, una noción de estatus, un punto de identificación a través del cual la colonia se puede identificar con la metrópoli y creer sentir y actuar igual. Podemos decir que lo que pasó fue una violación cultural a través de una papa [a través de una chatarrización del comer].[2]

Esta violación cultural es un puente, es una analogía de la invasión, de la colonización del cuerpo de las mujeres, que son transformados en mercancía, que son reformulados en objetos con un uso meramente comercial a través de todas las imágenes que nos son impuestas, que nos son embarradas en nuestros cotidianos mediante todos los medios de comunicación, mediante todos los estándares del ideal a “ser”, del querer “ser”, mediante la normalización de los seres y de las sociedades.

¿Qué sucede cuando entra en juego el cuestionamiento del cuerpo, qué pasa cuando las imágenes cuestionan y no sólo estandarizan?

A este cuestionamiento es al que Cris Bierrenbach nos dirige, nos catapulta contra la pared de la norma, nos provoca una desubicación de la mirada, del ser en sí, nos da un cuerpo que es cuestionado, un cuerpo que es desafiado mediante la mirada de la interrogación.

Es imprescindible tener la capacidad de crear este desafío, estas preguntas, ya que si el cuerpo de la mujer es periférico al cuerpo del hombre hegemónico, de la norma, de lo estandarizado y es colonizado mediante la mirada, las únicas herramientas que nos restan es atacar de frente, es utilizar la misma mirada para desmaterializar la imposición, la colonización, es poder combatir la mirada de la hegemonía destruyéndola desde su interior desactivándola con sus propias armas de mediatización normalizadora.

¿Cómo resistir a estas imposiciones?

Estas artistas se plantean, nos plantean subvertir la visión tradicional del cuerpo, imponiéndonos un problema mucho más amplio, mucho más universal, nos preguntan, es más nos ponen en la cara sin darnos opción a escapar el cuestionamiento de la idea tradicional del cuerpo desnudo, de su utilización, de su forma de destruir la mirada interrogadora, la mirada de las preguntas, debemos recuperar esa actitud activa, movernos de la pasividad del mirar, debemos crear una resistencia como dice Ana María Alonso: “Con el fin de entender la resistencia, no podemos simplemente enfocarnos en la política institucional, sino también debemos prestar atención a la política de la vida cotidiana, a las formas en que el poder es experimentado y negociado fuera de los contextos formales, a los efectos del poder sobre las identidades y cuerpos.” [3]

Entonces debemos identificar en nuestro cotidiano como somos estandarizados, así como Beatriz Preciado nos señala:

La masculinidad y la feminidad son como la depresión o la esquizofrenia, ficciones médicas definidas únicamente de forma retroactiva con respecto a la molécula con la que se tratan. La categoría de la depresión no existe sin la molécula sintética de serotonina, del mismo modo, la masculinidad clínica no existe sin la testosterona sintética.[4]

Entonces debemos cuestionarnos nuestras comodidades y nuestras conveniencias, es nuestra labor como creadoras el estar siempre rompiendo, desmenuzando los porqués de los totales, los absolutos de las convivencias, las reglas impuestas y los poderes inamovibles del ser, de la mirada hegemónica.

http://lasdisidentes.wordpress.com/

 

Hemerografía

Preciado, Beatriz, “Museo, basura urbana y pornografía” en Zehar revista de Arteleku-ko aldizkaria, San Sebastián, Nº. 64, 2008.

Bibliografía

Butler, Judith y Joan Scott (eds.), Feminists theorize the political, Londres: Routledge, 1992.

Camnitzer, Luis, On art, artists, Latin America, and other utopias, Austin: University of Texas Press, 2009.

_______________, Testo yonqui, Madrid: Espasa calpe, 20

 

[1] Beatriz Preciado, “Museo, basura urbana y pornografía” en Zehar revista de Arteleku-ko aldizkaria, Nº. 64, 2008, p.42.

[2] Luis Camnitzer, “Contemporary colonial art” en On art, artists, Latin America, and other utopias, University of Texas Press, Austin, 2009, p.8.

[3] Ana María Alonso, “Gender, Power and Historical Memory: Discourses of Serrano Resistance” en Judith Butler y Joan Scott (eds.), Feminists theorize the political, Londres: Routledge, 1992, p. 417.

[4] Beatriz Preciado, Testo yonqui, Espasa calpe: Madrid, 2008, p.51

7o Simposio Internacional: “El cuerpo en el arte, el diseño y la comunicación visual como motivo de investigación-producción”

Escuela Nacional de Artes Plásticas

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